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Conociendo a: Valeska Molina, Seremi de las regiones de Antofagasta y Atacama en el MinCiencia

La autoridad estuvo vinculada como estudiante al Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) antes de asumir su actual cargo.

Valeska Molina asumió como Secretaria Regional Ministerial de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación en las regiones de Antofagasta y Atacama. Designada por el Presidente de la República, Gabriel Boric, cuenta con trayectoria en el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines – CATA (Centro Basal de ANID) donde se formó como estudiante del Centro en las universidades de Antofagasta (UA) y de Atacama (UDA), bajo la tutoría de la investigadora adscrita, Cristina Dorador.

Actualmente, mantiene en pausa su doctorado para asumir este nuevo rol público. Bioquímica de formación en la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), magíster en Astronomía en la Universidad de Antofagasta (UA) y doctoranda en Astronomía y Ciencias Planetarias en la Universidad de Atacama (UDA), llegó a la Seremi con el desafío de impulsar una agenda orientada al fortalecimiento de la investigación, la innovación y la comunicación de la ciencia. En este contexto, CATA conversó con ella para conocer su trayectoria como investigadora, su vínculo con el Centro y los principales lineamientos de su gestión en la birregión que une al laboratorio natural denominado “Desierto de Atacama”.

¿Cómo se dio ese interés por la astronomía luego de titularse como bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Chile?

Siempre tuve interés en ser científica. Recuerdo que, cuando estaba pasando a la enseñanza media, leí en un diario una nota sobre las “nuevas carreras del futuro”, donde aparecía Bioquímica, lo que me permitió empezar a visualizar mi camino profesional.

Durante la carrera me interesaban diversas áreas, como reproducción y biología en general, pero sentía que ninguna terminaba de apasionarme por completo. Me titulé con mención en post mortem, que era el ámbito que más me atraía, e incluso tuve la oportunidad de realizar mi tesis de pregrado en el Servicio Médico Legal. Sin embargo, siempre sentía que algo faltaba. Posteriormente me trasladé a Antofagasta y comencé a trabajar como bioquímica en un laboratorio. Al principio me gustaba mucho, pero con el tiempo mi interés fue decayendo.

Fue en esa etapa cuando conocí el desierto de Atacama, los salares, los microorganismos extremófilos, la astronomía y la astrobiología. Ese descubrimiento fue decisivo y me llevó a querer formarme en esta última. En 2017 las opciones eran muy limitadas, pero luego la Universidad de Antofagasta abrió un magíster con una mención en esta área. En un inicio dudé en postular, ya que venía de una formación más ligada a la biología y la química, mientras que este programa tenía un componente importante de física. Finalmente, en 2019 comencé a trabajar con Cristina Dorador, quien me motivó a ingresar al magíster, dando inicio a este nuevo camino.

¿Qué profesores o experiencias marcaron tu formación tanto en Bioquímica como en Astronomía?

Siento que mi trayectoria ha estado fuertemente marcada por mujeres. En Bioquímica destaco a Mónica Vasquez (jefa de carrera de ese entonces) y también, especialmente al Laboratorio de Hemostasia y Trombosis de la PUC, donde realicé la Unidad de Investigación (BIO296), previa a la tesis. Las investigadoras como Valeria Matus, Olga Panes y Patricia Hidalgo del laboratorio siempre me apoyaron y fue una experiencia formativa muy significativa.

Posteriormente, tanto la universidad como los estudios de postgrado continuaron estando marcados por referentes femeninos. En particular, Cristina Dorador ha sido una figura clave en mi desarrollo, no solo desde lo científico, sino también en el hecho de abrirse a nuevos espacios, como la vinculación entre ciencia, gestión pública y política.

¿Por qué decidiste orientar tu investigación hacia la búsqueda de señales biológicas en exoplanetas y el estudio de la vida en ambientes extremos?

Me atrae profundamente el hecho de que el desierto de Atacama sea un ambiente extremo y, aun así, albergue vida. Me interesa comprender cómo han evolucionado los metabolismos y procesos como la fotosíntesis anoxigénica, que no produce oxígeno, y su transición hacia una fotosíntesis oxigénica. Estos cambios, tanto en las especies como en los ambientes, resultan muy estimulantes desde el punto de vista científico.

Además, existe una motivación más personal, relacionada con la búsqueda de nuestros orígenes. De alguna forma, la astronomía y la astrobiología me llevan a preguntarme de dónde venimos, no solo como humanidad, sino también como vida en el universo.

Actualmente eres doctoranda en Astronomía y Ciencias Planetarias en la Universidad de Atacama, ¿cómo desarrollas tu investigación doctoral desde el norte de Chile?

Siempre he sostenido que desde Chile, y especialmente desde el norte, se puede hacer ciencia de frontera. Si bien no siempre contamos con las mismas capacidades o infraestructuras que otras instituciones, existe un gran potencial humano y científico que es necesario visibilizar.

El norte de Chile ha estado históricamente asociado a la minería, teniendo muy buenas universidades y profesionales en esta área. Hoy la investigación científica comienza a posicionarse con mayor fuerza, pero las capacidades están dispersas geográficamente. En el trabajo en terreno muchas veces debemos trasladarnos entre distintos laboratorios para avanzar, lo que implica recorrer largas distancias dentro de una región extensa. Esa condición genera ciertos niveles de aislamiento, pero también refuerza la necesidad de colaboración y articulación territorial.

Durante tu formación de magíster y doctorado has sido estudiante vinculada al CATA bajo la tutoría de Cristina Dorador, investigadora adscrita del Centro. ¿Qué rol tuvo CATA en tu desarrollo como investigadora y qué aprendizajes destacarías de esa vinculación con el Centro?

Uno de los aspectos más valiosos de mi formación en el CATA fue la posibilidad de conocer el trabajo de otras personas que investigan en áreas afines. Formé parte del Área 6, Exoplanetas y Astrobiología, donde, por ejemplo, conocí a Bárbara Rojas-Ayala, Investigadora Asociada del Centro, quien actualmente también colabora como co-tutora de mi tesis doctoral.

Esa experiencia refleja muy bien el espíritu de colaboración que se da al interior del CATA, tanto a través del trabajo cotidiano como de instancias formales, como las reuniones de área y los encuentros anuales, que permiten conocer y articular las distintas líneas de investigación que se desarrollan en el Centro. 

Como Seremi, impulsarás una agenda enfocada en el fortalecimiento de la investigación, la innovación y la comunicación de la ciencia, ¿qué medidas tienes para realizar esto y cómo CATA puede aportar a este objetivo dentro de estas regiones?

Actualmente estamos impulsando diversas iniciativas. Una de ellas es la articulación entre ciencia aplicada y la formación de empresas de base científico-tecnológica. En ese marco, estamos trabajando en un protocolo que oriente a investigadores e investigadoras en el proceso de transferir desarrollos desde el laboratorio hacia el mercado, facilitando el vínculo con actores relevantes.

En materia de comunicación de la ciencia, estamos desarrollando cápsulas audiovisuales y participando en distintos espacios de difusión. Asimismo, contamos con una agenda orientada a la equidad de género, que incluye el lanzamiento de un reporte de buenas prácticas en esta materia.

En el ámbito de la astronomía, existe una Mesa Regional en Antofagasta que buscamos replicar en la Región de Atacama. En este contexto, el trabajo con CATA es especialmente relevante, tanto en transferencia tecnológica como en la articulación entre investigadores y empresas. De hecho, ya hemos sostenido reuniones para avanzar en iniciativas conjuntas.

Como investigadora y ahora como autoridad, ¿qué desafíos enfrenta el desarrollo científico en Atacama y Antofagasta, y qué oportunidades ves para fortalecer la ciencia en el territorio?

Uno de los desafíos centrales es consolidar una cultura científica con enfoque territorial y de largo plazo. Existen hitos relevantes, como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que conmemoramos cada 11 de febrero, y que buscamos aprovechar como una instancia para generar espacios de reflexión y diálogo en ambas regiones. 

En esa línea, también estamos impulsando la socialización del reporte de buenas prácticas en género, de modo que pueda ser adoptado por las universidades y actores del territorio. Asimismo, queremos fortalecer y dar continuidad a las mesas regionales de astronomía como espacios de articulación entre la academia, el sector público y otros actores relevantes.

Otro ámbito clave es el desarrollo de empresas de base científico-tecnológica. Actualmente, Antofagasta cuenta con un mayor número de estas iniciativas en comparación con Atacama, lo que evidencia una brecha, pero también una oportunidad de crecimiento. El objetivo es seguir impulsando este tipo de emprendimientos, entendiendo que muchas de las soluciones a los desafíos regionales pueden surgir desde la propia ciencia que se desarrolla en los territorios, con un conocimiento profundo de su realidad y necesidades.

Crédito de imagen: MinCiencia.